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Reflexiones sobre la muerte

Mientras pensaba que estaba aprendiendo vivir, he aprendido como morir. Leonardo da Vinci

La Muerte y la Doncella por Marianne Stokes

Nuestra sentencia de muerte comienza justo al nacer, esta es una verdad irrefutable, es una especie de Ouróboros, un reflejo de la danza eterna del principio y el fin, el Alpha y el Omega, El Aleph Y el Tav. Nuestra madre nos inicia en la vida y por ende en la muerte. Los antiguos ya tenían claro este concepto y en torno a él, crearon infinidad de magníficos mitos y leyendas. En Qábalah, la esfera de Binah que se encarga de poner los límites a la energía para que las formas existan, tiene como imagen arquetípica los dos aspectos de esta madre , AIMA, la madre fértil que trae a la vida y AMA, la madre estéril y amarga que trae la muerte. En otras palabras, de ella venimos y a ella retornamos. De una manera similar tenemos al dios griego Cronos o Saturno para los romanos, devorando a sus hijos, reabsorviéndolos en la matriz del tiempo. De hecho la imágen de la muerte portando una guadaña proviene de este dios helénico. Saturno (Shabbatai en hebreo), es además el planeta correspondiente a la antes mencionada esfera de Binah.

A lo largo y ancho del planeta, encontramos un sinnúmero de formas de ver, interpretar y asumir la muerte. Los egipcios miles de años atrás ya tenían una cosmología riquísima y gran parte de su religión estaba dedicada al paso del alma por el inframundo. De hecho codificaron en un texto, las instrucciones para que el muerto pudiera sortear las dificultades del inframundo (Duat) y salir triunfante y victorioso, así como lo hacía la gran deidad solar RA todas las mañana después de atravesar el mundo nocturno en el cual se sumergía mientras duraba la noche. Este libro que se llama “El libro de la salida al día” y es más conocido como el libro egipcio de los muertos, es el libro más antiguo que aborda la muerte de esta manera. Más tarde en el siglo VIII d.C. , aparece otro libro similar en la tradición Budista del Tíbet, llamado “Bhardo Todol” que también es un compendio de instrucciones que se le leen al muerto en voz alta para que logre sortear las dificultades que encuentre en el inframundo (dividido en regiones llamadas Bardos). Lo más interesante es el concepto que ya se tenía de la inmortalidad del alma en el mundo antiguo.

Anubis (Anpú en egipcio), pesando el corazón del difunto en la sala de la diosa Maat.

La muerte a grandes rasgos, sucede cuando el cuerpo físico que portamos deja de servir al propósito de ser un vehículo para el Alma. Pero más allá de esto, la muerte es un portal de transformación. No es el final de la conciencia. La experiencia vivida en la presente encarnación, es asimilada y después de hacer ciertos ajustes “kármicos”, el Alma se dispone a comenzar un nuevo viaje en otra vida. El concepto de reencarnación es muy discutido y no pretendo convencer a nadie de que es real. Hablo por mi experiencia y el tipo de entrenamiento que he tenido. Todo buscador espiritual debe poner a prueba y experimentar por si mismo los conceptos que aprende, de lo contrario estaría cayendo en el error de creer lo que le dicen solo porque proviene de una fuente fidedigna. En las Escuelas de Misterios (en otra ocasión hablaré de ellas), el proceso de “Iniciación”, utiliza el simbolismo de la muerte y la resurrección como agente poderoso de cambio y transformación, buscando hacer “morir” en vida al candidato, para que renazca como un ser nuevo y transformado. Un ser que deja morir lo que ya no le sirve para seguir su camino espiritual de una forma plena y consciente. En Egipto, estaba representado por los misterios de Isis y Osiris, en Grecia estaban los misterios de Eleusis, incluso en la tradición Cristiana encontramos los misterios de la muerte y resurrección de Jesucristo.

En una sociedad en la que vivimos constantemente con miedo a la muerte, debemos resignificar nuestras vidas. Más allá de nuestra creencia personal, más allá de pensar si hay algo más al otro lado, veamos que incluso en la vida, la muerte tiene un valor práctico sin igual. Dejar morir lo que no sirve, lo que no nos aporta, lo que no nos alimenta y renacer como seres nuevos, con nuevas aspiraciones y un propósito de vida real y consistente. No tener propósito, es lo más parecido a estar muertos en vida. Lo más valioso de tener a la muerte como un recordatorio del paso del tiempo es ponernos a pensar que hacemos verdaderamente con nuestros días. Al final de cuentas, todo lo que estamos haciendo, es aprendiendo a morir.

En Luz, Vida y Amor

F.V.T

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