Unidad, dualidad y la ilusión de estar separados.

"El jardín es una metáfora de lo siguiente: nuestras mentes y nuestro pensamiento en términos de pares de opuestos (hombre y mujer, bien y mal) son tan santos como los de un dios". Joseph Campbell

Detrás del velo de las apariencias, se esconde una verdad silenciosa, todos somos Uno.

Nos es casi imposible sentirnos como una totalidad, todo el tiempo estamos percibiendo la realidad como una relación entre nosotros y el resto de las cosas, nosotros y lo de afuera. Y no hay nada de malo en esto, esta separación es parte del proceso de aprendizaje y crecimiento espiritual, pero debemos entender que es solo una ilusión temporal. Las mismas fuerzas limitantes (Saturno) que se encargan de contener y dar forma a la energía, se convierten en barreras de separación. Es claro que, para contener el agua, necesitamos ponerla en un vaso o cualquier tipo de recipiente y al hacerlo, esta toma la forma de su contenedor y nos permite darle un uso específico, pero a la vez las paredes del vaso se convierten en un límite físico que separa lo que está dentro de lo que está fuera del vaso. De la misma forma el cuerpo físico sirve de recipiente para el alma que al ingresar al mundo de la manifestación, es contenida y limitada con un propósito específico y separada de lo que "está afuera". Es de aquí de donde proviene la ilusión de separación, es aquí donde nos separamos en "lo uno y lo otro", pero si no estuviésemos contenidos en la forma física que habitamos, no podríamos experimentar la realidad de este plano de una manera eficiente. Analicemos ahora este plano del que hablamos, el plano de la manifestación.


El proceso de "materialización" de la energía (me refiero al proceso por el cual la energía que vibra en frecuencias más elevadas se fue ralentizando hasta volverse más densa) se da por patrones de interacción entre sus pares de opuestos, de hecho podemos ver que todo en este plano responde a estas dinámicas. Arriba y abajo, frío y calor, masculino y femenino, activo y pasivo; son caras de una misma moneda que se enlazan todo el tiempo tejiendo los patrones que crean la existencia concreta. En otras palabras todo se rige bajo estos principios y entender su funcionamiento es parte importante de nuestro crecimiento espiritual, pues sin tener una comprensión profunda de estas leyes es muy poco probable que podamos correr el velo de su ilusión aparente.



El Hermafrodita era una representación alquímica del retorno a la unidad por medio de la unión de los opuestos.
Hermafrodita del Bestiario de Ashmole S.XIII


En Qábalah se nos enseña que para retornar al concepto de unidad, debemos aprender a balancear estos pares de opuestos (el que conoce el diagrama del Árbol de la vida sabe que su diseño esta basado en dos columnas, una activa y otra pasiva que se equilibran en una tercera que está justo en el centro de las dos). Y es dentro de nosotros donde empezamos a experimentar esta dualidad. Nosotros somos el ejemplo claro de que en UNO mismo habita un mundo DUAL que interactúa y nos define todo el tiempo. No podremos actuar correctamente fuera de nosotros si no estamos actuando correctamente en nuestro interior.


A simple vista es fácil detectar esta división doble observando la simetría externa de nuestro cuerpo: dos ojos, dos oídos, dos brazos, dos piernas, dos manos etc. También podemos analizar nuestro espectro emocional bajo el mismo principio de polaridad, pues nos movemos de un lugar a otro pasando de la alegría a la tristeza, de la inercia a la acción, de la calma a la excitación; aún nuestro cerebro, está dividido en dos hemisferios que determinan percepciones y manifestaciones opuestas de nuestro ser que a la vez son complementarias, pues como decía antes, a pesar de parecer cosas diferentes al separarlas, al unirlas forman una sola entidad. El desequilibrio es no poner las cosas en su lugar. Si por un lado somos demasiado permisivos o "bondadosos", será muy probable que cualquiera pase por encima de nosotros; si por el otro lado somos en exceso "fuertes" o ponemos límites muy agresivos, es muy probable que terminemos convirtiéndonos en tiranos o alejados de los demás. Si por un lado somos demasiado racionales, perderemos la capacidad de conectarnos con los mundos sutiles y los planos internos, pero si somos demasiado ensoñadores, terminaremos desconectándonos de la vida práctica. Es por esta razón que muchas veces decimos "todo en exceso es malo".





La alquimia y posteriormente la psicología (especialmente la Jungiana), nos hablan de una psique divida en dos, una parte consciente y otra inconsciente que actúan aparentemente como estructuras separadas pero que realmente son complemento la una de la otra y correctamente balanceadas abren las puertas del retorno a la unidad y el desarrollo armónico del individuo. En el ocultismo hay muchos términos que representan este retorno a la unidad por medio de la unión complementaria de los opuestos, como El Gran Rito o La Boda Mística y también hay un sinnúmero de representaciones pictóricas de esta unión, entre ellas el Hermafrodita o la carta de Los Enamorados del Tarot. Las escuelas tántricas de Yoga orientales también están basadas en este principio, tomando la unión sexual como la máxima manifestación de la conciliación divina de los opuestos. Desde mi punto de vista estas fuerzas las percibimos como opuestas cuando sentimos o percibimos "separación", pero las vemos como complementarias cuando queremos entender y vivir el concepto de unidad.


Inclinarnos hacia los extremos de la balanza es la fuente de la división moral entre bien y mal, conceptos que son relativos, malinterpretados y desafortunadamente considerados verdades absolutas. Basta con ver nuestro entorno para darnos cuenta del daño que hace interpretar la realidad bajo estos extremos, de aquí derivan todos los problemas raciales, de género, de opresión, de abuso etc. Hay que entender que no somos iguales, somos partes esenciales, fichas claves de una estructura que funciona como un organismo gigantesco. Una vez comprendemos que al buscar el equilibrio y la conciliación de los opuestos no estamos añadiendo ni quitando aspectos  sino balanceándolos, empezamos a recorrer el sendero del medio, el pilar central del Árbol de la Vida donde todas sus ramas  crecen de manera armónica. Si intentamos arrancar una de estas ramas lo único que lograremos será desviar el tronco central.


Así pues, la clave para percibir la Unidad desde nuestro mundo "separado" es reconociendo y reconociéndonos en el otro (al decir "otro", hablo de todos los seres de este planeta). La prueba de esto sería el cambio radical que tendría nuestro mundo si aplicáramos este principio. Venimos al mundo con un propósito así seamos conscientes de este o no y parte de este propósito, es aprender que todos somos Uno y el Uno somos Todos.


En L.V X, Vida y Amor

F.V.T

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