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El Bien y El Mal detrás de la apariencia.

Actualizado: 5 nov 2020

"Existe una antigua ilusión. Esta es llamada Bien y Mal". Friedrich Nietzsche


Horus y Set, dos caras de la misma moneda.



Bien y mal son conceptos con los cuales medimos y definimos nuestra realidad, pero por lo general cuando ponemos en práctica estos conceptos, lo hacemos desde nuestra propia perspectiva y no somos conscientes de que esa división de la balanza muchas veces es arbitraria y egoísta. Ya había hablado en una entrada anterior de la importancia de ver los polos opuestos no como puntos radicalmente separados en el plano de la manifestación, sino como energías complementarias que nos conducen de vuelta al sentido primordial de unidad. En la actualidad nos es casi imposible reconciliar las dos caras de la moneda, de la misma manera que nos cuesta reconciliar la danza eterna entre la Luz y la Oscuridad.


Al comienzo de nuestro viaje en este planeta la experiencia propia es muy importante, como bebés creamos un mapa mental a partir de la percepción del mundo que vamos leyendo con nuestros sentidos físicos, y los puntos clave de este mapa son marcados principalmente por el dolor y el placer; esto realmente es parte de un proceso natural de adaptación, supervivencia y aprendizaje. Pero también desde el principio la influencia de la sociedad empieza a trabajar en paralelo y absorbemos los conceptos que previamente absorbieron nuestros contactos directos (padres, hermanos, etc.) que a su vez vivieron el mismo proceso. Con todo esto podemos afirmar que distamos de tener un concepto del bien y el mal propio. Muchos de nosotros ni siquiera nos detenemos a revaluar estos criterios y los perpetuamos sin darnos cuenta de que como sociedad lo que hacen es alejarnos más que unirnos, por lo menos en la forma en que los interpretamos. Solemos tildar de malo a lo que nos afecta a nosotros personalmente. Desde que estemos en nuestras casas, y no nos falte nada todo está bien, pero en el momento en el que algo incomoda nuestra tranquilidad, el mal aparece.


No se equivocaba Protágoras al decir: "El hombre es la medida de todas las cosas". Esta frase muestra una de las grandes tragedias y a la vez uno de los grandes retos de nuestra especie. Sentirnos y creernos seres separados de la naturaleza, de las Fuerzas Universales y sus ciclos, representa uno de nuestros principales adversarios y nuestra ignorante percepción de la realidad nos mantiene encadenados a este dilema del ego. Solo basta con ver las consecuencias de explotar las "bondades del mundo" como si el planeta estuviera a nuestra disposición de forma indiscriminada, para entender lo relativo y egoísta que puede ser el concepto de bondad. "Bueno para nosotros", ¿Y el resto qué? Actuar como amos y señores de esta tierra es algo que tenemos que revaluar con prontitud y si vamos a actuar desde esa óptica por lo menos debemos entender que un Verdadero gobernante de su reino, debería preocuparse por su desarrollo integral y no por su degradación y destrucción.


El Símbolo de Salomón según Eliphas Levi.

El trabajo mágico no es la excepción de la regla. Basta con mirar los textos mágicos antiguos, los grimorios medievales y muchos de los rituales mágicos de varias de las órdenes esotéricas de la actualidad para darnos cuenta del abuso humano hacia los demás seres. Por mucho tiempo se ha trabajado, obligando, amarrando y subyugando a las diferentes entidades de las diversas jerarquías espirituales a nuestros fines egoístas sin importar las consecuencias, en vez de aprender a trabajar con ellos en armonía construyendo la realidad desde la óptica del equilibrio. Todos los seres (y cuando digo todos, son todos), existen por algo y tienen su función específica dentro de la creación.


Ya he hablado muchas veces de la importancia de ir por el Sendero del Medio aprendiendo a trabajar las energías basados en los opuestos y su balance. Los verdaderos qabalistas o practicantes de ocultismo saben que no se puede trabajar con una esfera del Árbol de la Vida (Otz Chaim) sin trabajar con su séfira opuesta, cualquier omisión de esa regla primordial solo causaría desbalance. Esto nos enseña que los conceptos de Bien y Mal, son relativos y aparentes y que más que ver las cosas desde esos puntos irreconciliables, debemos entender los opuestos como fuerzas que trabajan juntas en el proceso de manifestación del universo. Las fuerzas destructivas son tan importantes como las regenerativas y este jaloneo entre las dos es lo que precisamente mantiene al mundo en constante movimiento.


Con lo anterior no quiero decir para nada que andemos por ahí justificando todo lo que hacemos desde la perspectiva de que el Bien y el Mal son relativos. Desde mi humilde punto de vista la ley es básica y sencilla: recorrer nuestro propio camino sin pretender cambiar el de los demás. El verdadero despertar de la humanidad provendrá de su trabajo interno personal y por resonancia, la sociedad se alineará gradualmente con el cambio de sus individuos. Pero aún hay mucho trecho por recorrer, aún estamos en un momento evolutivo en el que es más fácil señalar a un culpable por lo que nos sucede que asumir la responsabilidad de nuestros actos. Para poner un ejemplo aun existente, "el diablo" es uno de los chivos expiatorios más grandes de la historia, nos fue más fácil echarle la culpa a alguien de nuestras desgracias que aceptar nuestros miedos y limitaciones; ya le dedicaré alguna de mis entradas a este personaje, que no es otra cosa que la representación de nuestro miedo a lo desconocido y nuestra incapacidad de ver más allá de nuestro ego. ¿Qué nos hace creer que somos dueños de la balanza?


En L.V.X, Vida y Amor

F.V.T




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